Desayuno o Lunch,  ¿cuál importa más?

Como mamás queremos que nuestros hijos estén bien nutridos y saludables, por eso nos preocupamos por darles lo mejor todos los días. Pero, ¿quién no se ha preguntado si lo que les estamos dando es realmente bueno para ellos? Quién no se ha cuestionado qué es más importante: darles de desayunar o mandarles lunch. Como esta pregunta hay muchas más y tenemos todo el derecho de planteárnoslas pues nadie nos enseñó a ser mamás.

Según la American Academy of Pediatrics, entre el 8 y el 12% de los niños en edad escolar no desayunan, y cuando llegan a la adolescencia, este número llega a ser entre el 20 y 30%, incrementando el riesgo de enfermedades crónicas y trastornos de la conducta alimentaria.

Si queremos hijos saludables, debemos tener presentes los siguientes beneficios del desayuno:

  • Mejora el rendimiento escolar
  • Ayuda a que el azúcar en la sangre se mantenga estable para evitar desequilibrios físicos.
  • Ayuda a que las células de todo el cuerpo se mantengan activas.
  • Ayuda a controlar el hambre entre comidas
  • Ayuda a controlar el peso
  • Mejora el estado de ánimo
  • Da energía para que se mantengan activos

Ahora bien, ¿cómo debe ser un desayuno? Esta es una buena pregunta porque los beneficios antes mencionados sólo se obtendrán de un desayuno con las siguientes características:

  • Que aporte por lo menos un alimento de cada macronutrimento (carbohidratos, proteínas y grasas) Ej. Pan integral (carbohidrato) + jamón de pavo (proteína) + aguacate (grasa).
  • Que sea variado. Ej. Lunes: sandwich. Martes: cereal con leche. Miércoles: huevo con tortilla. Jueves: Mollete. Viernes: Licuado.
  • Que aporte entre el 20 y 25% de las calorías que debe consumir diariamente.
  • Que sea de fácil digestión.
  • Que esté preparado higiénicamente.

Recuerda que desayunar es un hábito y para adoptarlo tenemos que seguir una estrategia y tener paciencia. El apetito de nuestros hijos se puede estimular de diferentes maneras. Si no están acostumbrados a desayunar, inicia con algo ligero como un licuado de fruta con leche fortificada principalmente con calcio y vitaminas A y D. También mándales un lunch más completo que incluya alimentos sólidos; por ejemplo, un sandwich de jamón o ensalada de atún con galletas integrales. Posterior a ese licuado ligero, empieza a agregarle avena, amaranto o granola para hacerlo más completo; los licuados deben darse máximo 3 veces a la semana alternándolos con opciones sólidas y ligeras como un pan tostado con queso o jamón.

Con esta estrategia, cuando menos te lo esperes, tus hijos estarán despertando con ganas de desayunar y tú te quedarás tranquila al saber que empiezan sus días llenos de energía y bien nutridos. Además empezarás a notar sus cambios a nivel escolar, físico y mental.

Aunque el desayuno es más importante que el lunch, nuestros niños deben hacer las dos comidas: un desayuno que los active y un lunch que los ayude a tener un buen rendimiento durante el día.