¿Qué elegir en la tiendita de la escuela?

Cada día que mandamos a nuestros hijos a la escuela es una oportunidad para que aprendan cosas nuevas, desarrollen habilidades de todo tipo y para que coman lo necesario para mejorar su desempeño.

Según el esquema de cada institución y las oportunidades de cada familia, los niños desayunarán y comerán en casa (algunos lo harán ya en la escuela) pero lo que es un hecho es que a media mañana, el momento de la colación, la tomarán en el colegio.

De ahí que la mayoría de las instituciones ofrezcan servicio de cafetería, tienditas o cooperativa. La idea es ofrecer una alternativa a los papás que por alguna razón no le mandaron lunch a su hijo o han decidido que es más sencillo que ellos compren en la escuela algo de comer. De hecho, hay niños que comen lo que les mandan de casa y alguna otra cosita comprada para completar. ¡No está mal!.

Ahora bien, ¿cómo podemos enseñar a nuestros hijos a que elijan algo que realmente nutra y cubra sus necesidades nutricionales? La respuesta es compleja pero sin duda está compuesta por dos etapas: la primera es que los papás y/o mamás sepan un poquito de nutrición y la segunda, que se lo puedan enseñar a los pequeños.

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Lo que como adultos debemos saber es muy básico y tiene que ver con dos cosas: cantidad de comida y calidad de los alimentos. En relación con la cantidad, lo importante es que el refrigerio escolar debe cubrir sólo entre 10 o 15% de calorías del requerimiento diario. No es necesario que el niño lleve muchísimas cosas que finalmente no va a consumir o no necesita. De la misma manera hay que vigilar que lo que lleve no sea tan calórico como para que sea demasiado. Pensemos que un niño en desarrollo consume unas 1800 calorías al día, lo qu quiere decir que el lunch tendrá entre 180 y 270. Esto se traduce en una pieza de fruta o verduras y un sándwich con una rebanada de pan integral (a veces puede ser con 2, depende el niño y sus actividades) y jamón o queso o huevo (una pieza). Obvio, esta recomendación es para niños que desayunaron bien en casa (el 25% de su requerimiento del día).

Ahora, en relación con la calidad, hay que saber elegir los alimentos. No todos son iguales. Obviamente, según la composición, la calidad irá variando. Aquí es donde puede ser más complejo de entender; pero para no hacernos bolas, pensemos en una sola cosa: los alimentos deben contener carbohidratos, proteínas y grasa. Sólo hay que elegir los que tienen poca grasa, poca azúcar pero con fibra y suficiente proteína. Con eso ya es suficiente. Habrá opciones que, además, están adicionadas con vitaminas y minerales, los que las hace aún mejores. Por ejemplo: quesadillas o un mollete o un licuado con fruta, o bien, un yogurt y una barrita o semillas que aporten lo necesario.

El verdadero reto… ¿cómo enseñar a tus hijos para que pidan lo mejor? Hay muchos caminos. El fundamental es con el ejemplo. Que ellos te vean comprar alimentos saludables para que después, por imitación, lo hagan. Hay que llevarlos al súper o al mercado para que hagan la compra juntos y durante el proceso platicar sobre el tema. Ir imaginando menús o platillos saludables o buscar productos que venden en la escuela y conocerlos.

La guía final es proponerles que cuando vayan a decidir qué comprar piensen en tres cosas:

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Así pues, los niños poco a poco irán haciéndose responsables de su alimentación en la escuela y eso hará que sean responsables de su alimentación en general. Claro, lo que hay que hacer todos los días es mandarles agua sola y recomendarles que no compren refresco.

Finalmente, les comparto lo que a mí me funcionó: ir con mi hija a la cafetería de su escuela y analizar juntas las opciones disponibles para encontrar las alternativas saludables pero que se ajustaran a sus gustos. Es un tema de orientación, educación y confianza pero sin duda es un paso que hay que dar si queremos niños sanos, responsables y bien alimentados.