Omegas y DHA en el desarrollo infantil

Entender el mundo de los omegas y DHA resulta un poco confuso y complejo, por eso decidimos escribir este artículo ya que seguramente has escuchado mucho sobre el tema. Lo primero que debes saber es que cuando hablamos de omegas y DHA estamos hablando de grasas, por eso es importante que sepas que existen 4 tipos de grasas:

1) Las grasas saturadas: son sólidas a temperatura ambiente y si se consumen en exceso, elevan los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre.

2) Las grasas monoinsaturadas: son líquidas a temperatura ambiente, como el aceite de oliva. Éstas protegen nuestro sistema cardiovascular ya que aumentan los niveles de colesterol HDL, conocido como el colesterol “bueno”, que se encarga de limpiar constantemente las arterias para que no se tapen.

3) Las grasas poliinsaturadas: también reducen el colesterol total y los niveles de triglicéridos en sangre. Inhiben la formación de trombos o coágulos. Las familias de este tipo de grasas son los famosos Omega-3 y Omega-6, ambos esenciales ya que nuestro cuerpo no puede producirlos y debemos obtenerlos de la dieta.

4) Las grasas trans: son aquellas que pasaron por un proceso llamado de “hidrogenación parcial”, el cual hace que un aceite vegetal líquido se convierta en una grasa semisólida como la margarina. Varios estudios han demostrado que las dietas ricas en grasas trans promueven la resistencia a la insulina, incrementan el riesgo de diabetes tipo 2, además de tener un nexo positivo con algunos tipos de cáncer.

Siempre que hablemos de omegas estaremos refiriéndonos a grasas poliinsaturadas, también conocidas como ácidos grasos por su composición química, y haremos hincapié en que son esenciales debido a que el cuerpo no puede producirlas.

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Desde que estamos en el vientre de nuestra madre hasta que nos convertimos en niños adolescentes, el DHA forma parte esencial en la formación y maduración de muchos tejidos y órganos. El DHA constituye el 50% de los ácidos grasos de la retina, por eso es importante que cuando estamos embarazadas garanticemos una ingesta adecuada de DHA para que se formen los ojos de nuestros bebes; una vez que son niños debemos cerciorarnos de que lo consuman para que sus ojos sigan madurando correctamente.

Pero el DHA no sólo interviene en la formación y maduración de los ojos y vista sino también en la del sistema nervioso, donde representa cerca del 3025% del total de ácidos grasos en la materia gris del cerebro. La materia gris del cerebro y las células de la retina tienen los niveles más altos de concentración de DHA que cualquier tejido del cuerpo.

La necesidad de DHA es más alta durante la última parte del embarazo y los primeros meses de la infancia. El EPA no parece jugar un papel especial dentro de estos procesos, más que el de servir como precursor del DHA.

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El International Life Sciences Institute (ILSI) dio a conocer el resultado de un estudio donde se comprobó que el consumo de omega 3, en especial DHA (proveniente de algas), incrementa el rendimiento académico en edad escolar gracias a que permite que la sinapsis sea más cercana y exista una mejor conexión entre las neuronas.

Teniendo en cuenta esta información ya sólo debes ocuparte de que tú y tus hijos consuman suficientes nueces, algas, semillas de linaza, chía, semillas de calabaza, aceite de canola y pescados grasos como el salmón, trucha, bacalao, arenque y sardina. Sabemos que a muchos niños no les gustan estos pescados, razón por la que deberás tener presente alternativas como los alimentos fortificados con omega 3 y DHA, como aceites para cocina, fórmulas lácteas, atún, suplementos en cápsulas pastillas y jarabes.

La OMS recomienda consumir 160 miligramos diarios de omega 3 (si estás embarazada debes consumir 300 miligramos diarios). En México, de acuerdo al Life Sciences Institute (ILSI), se consumen 40 miligramos en promedio al día , razón más que suficiente para fomentar y aumentar su consumo en casa.