Ácidos grasos omega-3 en el desarrollo del cerebro

Imagina tu cerebro, con sus millones de neuronas conectadas entre sí mandando señales eléctricas y químicas para que tú puedas leer este texto además de muchas otras actividades que realizas día a día. Esas millones de neuronas no están solas en el cerebro, las acompañan una serie de células llamadas en conjunto glía, que les ayudan a funcionar dando mantenimiento, alimentándolas y protegiéndolas. No en vano el cerebro consume una gran cantidad de recursos y es el órgano que tiene necesidades de mantenimiento más altas.

Una de las funciones primordiales de estas células acompañantes es asegurarse de que las señales lleguen apropiadamente a su destino. Puedes imaginar la conexión neuronal como una computadora que se comunica con un servidor de internet por medio de un cable. Si ese cable no funciona bien, si su revestimiento aislante tiene defectos, la señal no llegará adecuadamente y tal vez no puedas tener una conexión adecuada. De forma semejante, las neuronas necesitan continuamente dar mantenimiento a este aislamiento para que la información se conduzca de forma correcta. Sólo que las neuronas en vez de tener cables tienen una prolongación larga llamada axón y el aislamiento lo forman células especializadas que crean una capa de ácidos grasos que aíslan los axones de las neuronas circundantes para asegurarse que la señal se transmita rápido y de forma correcta.

Estos compuestos, cuyo nombre apropiado es ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (LC-PUFAs por sus siglas en inglés), tienen dos particularidades: Su estructura molecular es muy flexible lo que les permite realizar las funciones de aislamiento, pero nuestro cuerpo no los produce o lo hace en cantidades muy pequeñas, por lo que necesitan ser ingeridos junto con los alimentos, lo que los convierte en nutrimentos esenciales. Los que se han relacionado con un efecto protector son aquellos llamados omega-3 como el DHA (ácido docosahexanoico) y EPA (ácido eicosapentanoico) que contienen muchos pescados de agua salada y fría, y el α-ALA (ácido alfa linolénico) que se puede obtener de aceites vegetales como canola y linaza. Aunque el cuerpo puede convertir el ALA en EPA y DHA, la conversión es enormemente ineficaz y depende de muchos factores, como el estado nutricional de cada persona.

Se ha investigado la presencia del DHA en la materia gris cerebral y en la retina, en donde se ha encontrado que su concentración aumenta durante el crecimiento cerebral en los primeros años de la vida y disminuye al iniciar el proceso de envejecimiento. Los omega 3 ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentaenoico (EPA) son nutrientes conocidos tambien por su importancia en el desarrollo visual en la edad temprana y en el rendimiento visual a lo largo de toda la vida. Después del cerebro, el siguiente tejido que más contiene DHA es la retina, por ello se ha estudiado tanto en modelos animales como en humanos. A las 4 semanas de vida se deposita la mayor cantidad de DHA en las células fotosensibles de la retina, lo que lo vuelve un periodo muy importante para mantener la sensibilidad a la luz durante el resto de la vida.

La necesidad de ingerirlos es especialmente importante durante la formación del cerebro, tanto en la gestación como durante los primeros años de vida. Cuando la mamá los ingiere, llegan en cantidades adecuadas al bebé en crecimiento dentro del útero y la leche materna suele contener gran cantidad de estos ácidos grasos para que el bebé los pueda obtener durante su crecimiento. Uno de los grandes problemas, sin embargo, es que la dieta habitual de gran número de personas no incluye una cantidad suficiente de pescado que contengan estos nutrientes, por lo que suele ser insuficiente.

Estudios realizados en modelos animales han relacionado una baja ingestión de estos compuestos durante el desarrollo fetal y primeros años de vida con un menor desempeño en tareas de psicomotricidad y menor capacidad visual, mientras que lo opuesto (mayor ingestión mejora el desempeño) también ha sido demostrado. La lactancia materna, dentro de sus multiples beneficios logra la transferencia de DHA y ARA -entre otros PUFAs- al bebé, pero la cantidad contenida en esta, así como el estado de suficencia en DHA tanto del bebé en útero como en el lactante alimentado al seno materno dependen de la ingesta materna de estos compuestos, por lo que suplementarlo durante embarazo y lactancia puede mejorar estos beneficios. En la lactancia materna, al ser la única fuente de nutrientes para el bebé en desarrollo, la madre debe consumir la cantidad adecuada de omega 3 DHA Por otro lado, ensayos clínicos que han comparado a niños alimentados con fórmulas infantiles que contienen PUFAs contra los que no lo contienen han encontrado un desempeño significativamente mejor en áreas de desempeño mental, motor y visual, especialmente en bebés con antecedentes de prematurez..

Algunos estudios en bebés y niños pequeños también sugieren esta relación, aunque la calidad de la evidencia es menor debido a la dificultad para realizar estudios que midan adecuadamente tanto la ingestión de los ácidos grasos como el desempeño de los pequeños en pruebas estandarizadas a largo plazo.

Dentro de los estudios realizados, un hallazgo importante que afecta a todas las edades es la competencia que tienen los omega-3 con sus “hermanos”, llamados omega-6. Aunque muy semejantes, los segundos no confieren los beneficios en tejido nervioso, excepto por el ácido araquidónico (ARA) y, por otro lado, son mucho más abundantes en dietas ricas en aceites. En ciertas condiciones, los omega-6 pueden ocupar o saturar las vías metabólicas que usa el cuerpo para aprovechar los ácidos grasos, con lo que de alguna forma pueden bloquear el camino que emplean los omega-3 para pasar del tracto digestivo a la sangre y finalmente al cerebro.

Por ello es recomendable por un lado suplementar la dieta con ácidos grasos omega-3 purificados y de buena calidad, además de enriquecer la dieta con pescados de agua fría,  alimentos fortificados con estos ácidos grasos o suplementos que los contengan en forma pura. Ambas estrategias parecen favorecer el desarrollo neuronal de los niños tanto en útero como en los primeros años de vida, aunque aún tenemos mucho que aprender e investigar acerca de sus potenciales beneficios.

Dr. Miguel Ángel Guagnelli

Referencias[1-3]:

1. Innis, S.M., Dietary omega 3 fatty acids and the developing brain. Brain Res, 2008. 1237: p. 35-43.

2. Luchtman, D.W. and C. Song, Cognitive enhancement by omega-3 fatty acids from child-hood to old age: findings from animal and clinical studies. Neuropharmacology, 2013. 64: p. 550-65.

3. Bos, D.J., et al., Effects of omega-3 polyunsaturated fatty acids on human brain morphology and function: What is the evidence? Eur Neuropsychopharmacol, 2016. 26(3): p. 546-61.

4. Rogers, L.K., et al., DHA Supplementation: Current Implications in Pregnancy and Childhood Pharmacol Res, 2013 Apr; 70(1): 13-19