Mi hijo no come

“Mi hijo no come” es una de las frases rutinarias en los consultorios de pediatría. Esa expectativa de que el momento de la comida va a ser tranquilo, en paz y que el niño va a comer toda su comida puesta en el plato puede no suceder en muchos casos. Pero ¿Qué hacer en esta situación?

En primer lugar, es importante identificar la causa del rechazo del alimento, que pueden ser muchas, desde causas orgánicas, como infecciones, carencias de vitaminas y sales minerales, hasta causas de comportamiento, como disturbios emocionales en los niños o en la dinámica familiar, consistencia inadecuada en la comida, monotonía alimenticia, horarios inadecuados entre sueño/escuela y alimentación, entre otros.

A los 3 años de edad, el niño empieza a valorar los aspectos sensoriales del alimento, color, forma, consistencia. A los 4 años, ya empieza a demostrar interés en participar del proceso de preparación de los alimentos y de la dinámica familiar en el momento de la alimentación, y a los 5 años, hay una mejoría en el apetito que se acentúa cerca de los 8 años de edad.

A pesar de la culpa y de la frustración que involucra el escenario familiar, es importante estar atenta a estas etapas y respetar el interés del niño.

Es necesario mantener la calma y entender las señales. ¿El niño está llorando, haciendo berrinches porque no quiere aceptar la comida que le estás ofreciendo? Intente otro enfoque, déjelo comer solo. ¿Funcionó? ¡Excelente! ¿No funcionó? Tranquila, la criatura puede todavía no estar lista para esta etapa.

¿Pero al final, cuando debo preocuparme?

Después de quejas de los padres de que el hijo no come, es necesario evaluar cómo está el aumento de peso de la criatura. Rutinariamente, es muy común encontrar que la criatura tenga el peso ideal para su edad, demostrando, por lo tanto, que su crecimiento y desarrollo es normal, y que la inapetencia mejorará a medida que crezca el niño.

Ahora, si la evolución del peso en relación a la altura sea menor de lo esperado en las curvas de crecimiento, es necesario estar atento y buscar orientación profesional, para diagnosticar las posibles causas e indicar el mejor tratamiento.

Actitudes como forzar al niño a comer, insistir en la cantidad que debe comer, sólo lleva a reforzar un comportamiento inadecuado y un instinto de repulsión por los alimentos. Así como, no se debe recurrir al recurso de chantaje y cambios, del estilo “si comes x cucharadas ganarás el postre”.

Vea otros consejos que también pueden servir:

  • Propiciar un ambiente calmo y tranquilo en la hora de la comida;
  • Disminuir la expectativa, poniendo poca cantidad en el plato y ofreciendo más si el niño muestra interés;
  • Tener horarios fijos para las comidas;
  • No ofrecer nada entre los intervalos, evitando comer botanas en este período;
  • Ofrecer el alimento mismo que el niño no quiera, pues si rehúsa, a veces, no significa que no le guste.

Mantenga la calma y tenga paciencia con estas etapas de desarrollo del niño, recordando siempre de que el apetito de la criatura va a regresar. Así es un poco más fácil aprovechar el momento de la comida de una manera más tranquila.

Referencias bibliográficas:

FISBERG, M.; TOSATTI, A. M.; ABREU, C. L.  A criança que não come- abordagem pediátrico comportamental.  Blucher Medical Proceedings.  2° Congresso Internacional Sabará de Especialidades Pediátricas, Número 4, Volume 1, 2014.

MADEIRA, I. R.; AQUINO, L. A. Problemas de abordagem difícil: “não come” e “não dorme”. Jornal de Pediatria – Vol.79, Supl.1, 2003.