¿Puede ser aún mejor la leche materna?

A los pediatras nos interesa la lactancia materna por muchísimas razones, y deberíamos buscar siempre saber más sobre ella porque tiene numerosos beneficios desde múltiples puntos de vista: la creación de un vínculo entre madre e hijo, prevención de cáncer mamario para mamá, mejor absorción de nutrimentos, mejor digestión y prevención de infecciones en el bebé, entre muchos otros. Las fórmulas infantiles con las que contamos hoy en día incluyen componentes de una calidad muy alta y cada vez se asemejan más a la leche materna, es cierto, pero no lo han logrado igualarla por completo.

En 1992 la Organización Mundial de la Salud y la UNICEF instauraron que cada año durante la primera semana de agosto se celebre la Semana Mundial de la Lactancia. Este 2018 se estableció que el tema fuera la lactancia materna como el “Pilar de la Vida”, debido a su importancia para el bebé y la mamá. Y parece un buen motivo para hablar de ella.

Uno de los aspectos claramente más importantes de la lactancia materna es la nutrición. Durante la primera semana se produce calostro, un líquido amarillento y translúcido, el cual está compuesto primordialmente por proteínas y carbohidratos, con poca grasa y rico en anticuerpos. Durante la segunda semana de lactancia el líquido cambia de color y composición para dar paso a la leche de transición, más blanquecina y con mayor contenido de grasa. Aproximadamente al iniciar la tercera semana de lactancia surge la leche madura, la cual es rica en lípidos y con diferente composición de proteínas. A partir de entonces la leche materna no cambia de forma significativa su composición hasta el 6to mes, cuando comienza a disminuir la concentración de algunas vitaminas y minerales, ya para entonces el bebé debe estar recibiendo alimentación complementaria. Todo esto significa que la leche tiene nutrimentos que se adaptan a los primeros días de vida del bebé.

Aún la lactancia materna, con todos sus beneficios, tiene áreas de oportunidad para mejorarla en los aspectos nutricionales. Se sabe que la leche materna normalmente contiene niveles bajos de ciertos nutrimentos a pesar de que la mamá los consuma, como hierro, vitamina D y vitamina K. Por ello la Academia Americana de Pediatría, entre otras entidades, recomendan suplementar a los bebés que se encuentran con lactancia materna exclusiva. El contenido de algunos otros micronutrimentos en la leche dependen de que mamá los ingiera, como yodo, vitaminas B6, B12 y ácidos grasos esenciales como ácido araquidónico (ARA), ácido docosahexanóico (DHA) y ácido eicosapentanóico (EPA).

Estos últimos, englobados dentro de lo que llamamos ácidos grasos omega 6 (ARA) y omega 3 (DHA y EPA), son vitales para el desarrollo del cerebro, particularmente durante el primer año de vida en el que su tamaño se triplica. En una extraña paradoja de nuestra evolución, la maquinaria celular para producir estos importantísimos ácidos grasos esenciales es muy poco eficiente en los seres humanos, por lo que deben obtenerse principalmente de la dieta. Aún más extraño es el hecho de que un sitio en el que si funciona dicha maquinaria es en la glándula mamaria, que es capaz de sintetizar omega 3 y omega 6 a partir de otros ácidos grasos pero no para beneficio de la propia mamá ni para mejorar sus niveles en sangre, sino para su excreción en la leche materna. Aún así, la cantidad de ácidos grasos esenciales que contiene la leche materna depende también de la inclusión de estos mismos en la dieta: Por ejemplo, el contenido promedio de DHA en la leche materna puede variar de 0.1 a 0.3% del total de grasas cuando la mamá ingiere una dieta pobre en ácidos grasos esenciales hasta un rango de 0.6 a 0.8% si ella ingiere una dieta rica en ellos.

Hay evidencia de que dicha diferencia tiene un impacto la composición del cerebro de los bebés. Estudios realizados en los años 90, cuando las fórmulas infantiles aún no contenían ácidos grasos esenciales, determinaron que existen diferencias significativas en la composición de los bebés alimentados con leche materna contra fórmula. Esta fue una de las grandes razones para que se incluyera DHA en las fórmulas, pero aún durante la lactancia materna, es importante mejorar los niveles de estos nutrimentos esenciales en la dieta de mamá para mejorar su contenido en la leche.

Diversos estudios han asociado la lactancia materna con menor riesgo de otitis media, gastroenteritis aguda, infecciones graves de vías aéreas superiores, dermatitis atópica, asma en lactantes, obesidad, diabetes tipo 1 y 2, síndrome de muerte súbita del lactante y enterocolitis necrotizante. A estos numerosos beneficios se pueden agregar muchos otros beneficios cuando se mejora el contenido de ácidos grasos esenciales, por ello es importante para las mamás pensar en buscar alimentos que los contengan.

Referencias [1-3]

1. Innis, S.M., Impact of maternal diet on human milk composition and neurological development of infants. Am J Clin Nutr, 2014. 99(3): p. 734S-41S.

2. Chapter 17. Fats and Fatty Acids, in Pediatric Nutrition, K. Kleinman and F.R. Greer, Editors. 2014, American Academy of Pediatrics.

3. Underwood, M.A., Human milk for the premature infant. Pediatr Clin North Am, 2013. 60(1): p. 189-207.