Depresión y ansiedad infantil: ¿existe relación con la dieta?

Los trastornos mentales, y entre ellos, la depresión y la ansiedad, se constituyen como enfermedades que afectan a la población en todo el mundo. Los datos de la Organización Mundial de la Salud estiman que, en todo el mundo, más de 300 millones de personas de todas las edades sufren de depresión. Sin embargo, las discusiones sobre estos trastornos en la infancia todavía son recientes y una de las cuestiones discutidas se refiere a su relación con la alimentación.

Hablando específicamente de la depresión, se sabe que es una enfermedad con diferentes causas, mientras tanto, deficiencias de nutrientes específicos han sido observados en pacientes depresivos, entre ellos: deficiencias de ácidos grasos omega 3 y 6, vitaminas del complejo B (B6 – piridoxina, B9 – acido fólico o folato y B12 – cobalamina o cianocobalamina), minerales (magnesio y zinc) y aminoácidos precursores de neurotransmisores (triptófano) están entre las carencias nutricionales más observadas.

Por lo tanto, tener una alimentación con una ingestión adecuada de estos nutrientes es fundamental tanto para la prevención, como coadyuvantes para el tratamiento en casos de depresión ya insaturada. ¿Pero, adonde se encuentran estos nutrientes en los alimentos?

Vamos a ver:

  1. Magnesio: Banana, aguacate, betabel, okra, almendras y nueces son algunos alimentos ricos en magnesio;
  2. Zinc: Carne roja, leches y derivados, frijoles, oleaginosas (castañas, almendras);
  3. Omega 3: pescados como el salmón, el arenque, la sardina y el atún;
  4. Omega 6: carnes y aceites de soya y girasol;
  5. Vitaminas B6 y B12: proteínas animales, como carnes, leches y derivados y huevos;
  6. Vitamina B9: leguminosas, como frijoles, lentejas, garbanzos, hortalizas y frutas

Los alimentos enriquecidos y fortificados con esas vitaminas y grasas esenciales, tales como cereales matinales y jugos, también ayudan a garantizar que las recomendaciones sean logradas.

Ya en relación a la ansiedad, esta se constituye en uno de los cuadros psiquiátricos más comunes, tanto en niños como en adultos, siendo que, en niños y adolescentes, los trastornos ansiosos más frecuentes son el trastorno de ansiedad de separación y el trastorno de ansiedad generalizada.

La discusión entre la relación de la alimentación y la ansiedad considera que este sea un factor desencadenador de estrés y así, puede afectar padrones alimentarios entre los niños. De esta forma, casos de exposición a situaciones de estrés agudo resultan en respuestas comportamentales de fuga, pudiendo disminuir el apetito. Ya las situaciones de exposición a factores estresores de naturaleza crónica desencadenan el consumo de alimentos densamente calóricos, lo que, a su vez, estaría relacionado al aumento de peso en los niños.

Por lo tanto, en los casos en que el trastorno mental (ansiedad) desencadena el consumo excesivo de alimentos, además de medidas comportamentales, es interesante evitar los alimentos calóricos, como aquellos ricos en azúcares, que puedan aumentar la ansiedad. Es mejor invertir en una alimentación basada en frutas, verduras y legumbres, que poseen antioxidantes y combaten los radicales libres producidos por el estrés.

Vale la pena resaltar que estamos hablando sobre trastornos mentales, siendo necesario siempre la evaluación médica para diagnóstico y determinación del tratamiento, como la actuación de un equipo profesional, involucrando, por ejemplo, nutricionistas y psicólogos para el tratamiento adecuado.

Referencias bibliográficas:

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