El hambre oculta

Comúnmente, cuando hablamos de problemas de alimentación y de nutrición, tendemos a referirnos a la obesidad y el sobrepeso, que sin duda son hoy un enorme reto de salud pública y han alcanzado, junto con las enfermedades crónicas no trasmisibles, incluso para los niños, proporciones epidémicas.

Sin embargo, y lo que muchos no saben, es que el otro lado de la moneda, la desnutrición, sigue siendo un problema de salud importantísimo. Por desgracia, cuando decimos desnutrición tendemos a pensar en los niños de más escasos recursos en los países más pobres o las zonas más marginadas del mundo. Y, decimos por desgracia, porque esto no nos permite ver otra realidad importante: adicional a esas desnutriciones dramáticas que aquejan a la infancia en países y zonas muy marginadas, existe otro tipo de desnutrición infantil muy común, que está más extendida geográficamente y a través de segmentos socio económico y sociales: la conocida como hambre oculta.

El hambre oculta, término desarrollado por el“world sustainblity índex” (FSI), se refiere a la falta o escasez en las dietas infantiles de micro nutrimentos esenciales en cantidades adecuadas. Estos nutrimentos, entre los que destacan las vitaminas, los minerales, algunos ácidos grasos y los Fito nutrimentos, provenientes de las plantas, suelen estar ausentes o poco concentrados en dietas muy monolíticas, muy ricas en alimentos densos en energías; y, su deficiencia es común no solo en países de bajos ingresos económicos, sino es también, por desgracia, muy común en países de mediano y alto ingreso promedio. El hambre oculta puede vivir, literalmente, en medio de nosotros y comer en la mesa familiar sin que nos demos cuenta……
De hecho, en el 2016, la unidad de inteligencia económica del FSI que mide la pérdida de alimentos, el sistema alimentario y el desperdicio, encontró que, en países de mediano ingreso, entre los que se incluye a Argentina, Brasil, México. Rusia y Turquía existen deficiencias de micronutrientes en poblaciones vulnerables, como los niños menores de 12 años, las mujeres embarazadas lactantes y los adultos mayores de 65 años a través de todas las zonas geográficas y niveles socio económico.

Estas deficiencias son menos grandes que las observadas en la parte alta de la lista de hambre oculta, que es encabezada por India y Etiopía, pero aun así significativas y de alto impacto en el potencial de crecimiento y desarrollo de los niños afectados. De hecho, incluso algunos países muy desarrollados como Europa del Oeste o América del Norte no se salvan del hambre oculta: las deficiencias allí son más específicas, pero igual de riesgosas. Por ejemplo, el consumo de yodo, a partir de la sal yodatada, ha disminuido en Estados Unidos, el Reino Unido y Australia en los últimos años, lo que ha repercutido en un incremento en la deficiencia de este mineral esencial para el funcionamiento de la tiroides para regular el metabolismo.

Se calcula, de hecho, que en el mundo en general, cerca del 85% de todos los niños en edad escolar no consumen las ingestiones diarias recomendadas por le FDA (Food and Drug Adminstration de los Estados Unidos) de las más importantes vitaminas y minerales necesarias para un correcto desarrollo. Más de la mitad de los niños norteamericanos, donde existen más estadísticas, padecen de algún grado de deficiencia de vitaminas D o E, y más de la cuarta parte no consumen suficiente calcio, magnesio o vitamina A. Tanto en Estados Unidos como en la Gran Bretaña, la deficiencia de vitamina B12, la que es exclusiva de los productos de origen animal, ha ido en aumento según un estudio publicado en la prestigiosa revista American Journal of Clinical Nutrition, en 2009. Finalmente, un estudio publicado recientemente, en 2014 en la revista Journal of Parenteral and Enteral Nutrition estima que el hambre oculta cuesta anualmente cerca de US$157bn , considerando solo a Estados Unidos.

En América Latina, los problemas de desnutrición específica, englobados bajo el término “hambre oculta” incluyen la deficiencia de hierro, asociada con la anemia ferro priva, la falta de zinc, vitamina A y C, complejo B, vitamina D y calcio entre otras más……lo que nos hace evidente que estas deficiencias y el síndrome del hambre oculta no puede ser ignorada por más tiempo. Las comunidades tienden a sentir ya sus efectos en costos de salud, crecimiento económico reducido, costos elevados de enfermedades tratables y prevenibles; y, por supuesto, cada individuo y cada familia que padece estas desnutriciones viven el pobre desarrollo y crecimiento reducido de los más pequeños de su familia, con dolor y estupefacción.
Hoy se sabe que la mejor estrategia para combatir y eliminar eventualmente al hambre oculta es la fortificación de alimentos de uso común con micro nutrimentos de buena calidad. Fortificación se refiere a la adición de pequeñas cantidades seguras de vitaminas, minerales y otros compuestos esenciales en alimentos y condimentos de consumo habitual y que son pilares de la alimentación de la región o comunidad. También permanecen como estrategias vitales la diversidad dietética y el foco en una alimentación variada, así como el acceso económico a alimentos de alta calidad nutrimental…. De esta manera, podremos seguir asegurando que las palabras como pelagra, escorbuto o beri beri sean ajenas a nuestros vocabularios y a nuestras preocupaciones.

Poner énfasis, desde las instituciones públicas, en asegurar no solo la seguridad alimentaria, entendida como poder ofrecer a cada habitante la cantidad adecuada de calorías a través de los alimentos, sino de forma mucho más importante la seguridad nutrimental, es decir una dieta completa y equilibrada que aporte todos los nutrientes que el cuerpo requiere en cantidades adecuadas.

Hoy muchas de las culturas que padecen de hambre oculta tiene dietas basadas en cereales, como el maíz, arroz o trigo, tal como sucede en América Latina y el Caribe, que aportan suficientes calorías para cada individuo pero que pueden ser pobres en ciertos nutrimentos esenciales. Por eso, muchos de los esfuerzos gubernamentales en América Latina giran alrededor de la fortificación de estos cereales que son el pilar fundamental de nuestra cultura alimentaria, como los proyectos de fortificación de maíz y trigo en el CIMMYT en México, donde se están produciendo variedades de maíz fortificadas con vitamina A, zinc y hierro en cantidades adecuadas para niños en edad escolar y prescolar. Se estima que el impacto de este proyecto, por si solo, puede ser sobre 4.4 millones de niños en edad preescolar y de cerca de 20 millones de mujeres embarazadas que sufren hoy de deficiencias de vitamina A alrededor del mundo. Así mismo, y según la Organización Mundial de la Salud, cada año la deficiencia de zinc es responsable de 800,000 muertes. De allí que el proyecto de fortificación de trigo con zinc, que representa el 20% del consumo total de calorías y de proteínas consumidas en el mundo, será un instrumento importante para combatir la desnutrición, problemas de la piel, disfunciones cognitivas y otros problemas asociados con la falta de este nutriente esencial.

Nosotros, como padres de familia, podemos ayudar a combatir el “hambre oculta “en nuestra propia familia y entorno, eligiendo alimentos fortificados siempre que sea posible y cuando el vehículo sea nutritivo y agradable al consumo. Cereales y harinas fortificadas, aceites adicionados de vitaminas y ácidos grasos esenciales; leche y producto lácteos fortificados con vitamina A o D y calcio, así como jugos enriquecidos y productos enlatados o empacados adicionados de vitaminas y minerales, son todos alimentos que forman parte de la canasta básica familiar que pueden brindar a nuestros niños los nutrientes adicionales que requieren para prevenir las deficiencias en vitaminas, minerales, fito químicos antioxidantes y ácidos grasos esenciales que comúnmente se presentan ,aun de forma marginal en esto grupos de edad en nuestra región.
Porque cuando se combina con otras estrategias alimentarias básicas como la lactancia exclusiva por lo menos 6 meses, y dieta mixta con lactancia hasta los 2 años, mejorar el acceso a una alimentación variada, especialmente para las madres de familia, la fortificación es una gran receta para combatir y eliminar la desnutrición, incluyendo esas mini desnutriciones específicas de ciertos nutrimentos que ponen en riesgo el desarrollo de nuestros niños y que se conocen como hambre oculta.

Referencias:

Unmasking hidden hunger ; http://foodsustainability.eiu.com/unmasking-hidden-hunger-in-the-developed-world/, consultado el 20 de gaosto del 2018

Martin Kropff / June 8, 2015; combatting hidden hunger https://www.cimmyt.org/combatting-hidden-hunger-is-key-to-boosting-good-nutrition/ ; consultado el 20 de Agosto del 2018

Hidden hunger is a global killer, the Lancet global health blog; http://globalhealth.thelancet.com/2015/10/09/hidden-hunger-global-killer ; consultado el 20 de Agosto del 2018