PÉRDIDAS Y DESPERDICIOS DE ALIMENTOS.

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La cantidad de alimentos que son desestimados o rechazados a nivel mundial es inmensa, y corresponde a casi 1.300 millones de toneladas anuales de alimentos producidos que nunca serán consumidos.

Definimos PÉRDIDA DE ALIMENTOS a la que sucede en las etapas de producción, almacenamiento, procesamiento, transporte y distribución. Corresponde a todos los alimentos que no llegan a las etapas de la venta. Son varias las causas de que esto ocurra: alimentos de calidad inferior, o que han sufrido un daño (por ejemplo por un granizo u otro desastre climático se puede malograr un cultivo), o un alimento que no es tratado adecuadamente (es golpeado y en consecuencia se deteriora). Desde el punto de vista de la expectativa estética, de esperar un alimento “perfecto” por su tamaño, color, forma, textura; nos encontramos ante una de las variables que hacen a que se pierdan ciertos alimentos que son adecuados desde su valor nutritivo, pero no aceptados por los consumidores o por estándares impuestos en supermercados por ejemplo. Felizmente existen varias iniciativas donde los “feos” tienen su oportunidad de ser consumidos.

Nos referimos a DESPERDICIO DE ALIMENTOS cuando se involucran los alimentos que forman parte de la venta minorista. Son aquellos que estando en condiciones de ser ingeridos son desechados. Son de buena calidad y están listos para su consumo; pero por diversas razones no terminan en el plato del consumidor. Nos referimos a los alimentos y comidas elaboradas que se sirven en restaurantes, hoteles, catering, comedores (escuelas, hospitales, etc.), y en los hogares. Algunos de los motivos de que esto ocurra son:

  • Espacio insuficiente en una heladera o cámara frigorífica para almacenarlos o guardarlos.
  • Porque se ha cortado la cadena de frío.
  • Compras de alimentos incorrectamente planificadas.
  • No se ha controlado adecuadamente la fecha de vencimiento o el consumo preferentemente antes de.
  • Porque no es de agrado desde el punto de vista estético.

Esta cantidad de alimentos que se han perdido o desperdiciado es una cifra alarmante y es prioridad que cada uno desde su lugar pueda colaborar para que este número se reduzca, o que no siga aumentando.

Son varias las razones que nos obligan a actuar en consecuencia.

RAZONES SOCIALES. Con una cantidad cada vez mayor de personas bajo línea de pobreza, que no pueden acceder a una canasta básica de alimentos que les garantice un estado de salud óptimo. Con un avance en todos los países, tanto desarrollados como en desarrollo, de las personas que padecen hambre; situación agravada por la pandemia de COVID-19, no podemos desechar alimentos. Las pérdidas y desperdicios de alimentos son un verdadero obstáculo para la seguridad alimentaria. Es lamentable que las personas que realmente lo necesitan no tengan acceso a los alimentos que en otros sectores son despilfarrados.

RAZONES AMBIENTALES. El impacto sobre el medio ambiente es muy relevante. Hemos producido alimentos que no se consumen, en consecuencia estamos desechando agua, suelo, energía; con una consecuente generación de gases de efecto invernadero que afectan nuestro planeta.

RAZONES ECONÓMICAS. Hemos invertido dinero en mano de obra, combustibles y transporte, envases, refrigeración, congelación, entre otros recursos; en alimentos y/o comidas que serán descartadas. Estamos tirando el dinero, literalmente.

Los alimentos que más se pierden o desperdician son:

  • Frutas y hortalizas. 45%
  • Raíces y tubérculos (yuca, papa, batata, zanahoria, remolacha). 45%
  • Cereales (arroz, fideos, pastas, etc.). 30%
  • Pescados y productos marinos. 30%
  • Lácteos. 20%
  • Carne vacuna. 20%

Como CONSUMIDORES, son varias las etapas en las cuales podemos incorporar acciones y estrategias para minimizar el desperdicio de alimentos, como por ejemplo en la PLANIFICACIÓN DE LAS COMIDAS.

Es fundamental la ORGANIZACIÓN. Para ello armar nuestra lista de alimentos en función de la programación del menú (desayunos, almuerzos, meriendas y cenas) semanal. Previamente un vistazo por los armarios y el refrigerador para que la compra sea solamente de aquello necesario.

Durante la compra de los alimentos iniciaremos el ITINERARIO en los productos de limpieza y perfumería, luego los alimentos secos (como latas, fideos, arroz, aceite, galletitas, infusiones, condimentos, etc.), luego adquirimos los frescos o perecederos como por ejemplo frutas y verduras, y destinar el final del recorrido a los alimentos refrigerados y/o congelados (los cuales no expondremos por más de dos horas a temperatura ambiente).

Si en nuestra compra encontramos OFERTAS debemos pensar el uso de esos alimentos. Aquí es importante considerar congelar los alimentos con la finalidad de extender su vida útil y aprovechar de esta manera el beneficio de la oferta. Podemos congelar en porciones por ejemplo un pote de queso blanco untable si lo usaremos para desayunos o meriendas; o el mismo queso se congelará en porciones de mayor tamaño si su destino final es formar parte de una preparación como puede ser una tarta o un budín; o el pote entero si elaboraremos un cheesecake. Con ese pensamiento del destino final del alimento debemos adquirir las ofertas. 

ASPECTO. Si las frutas o las hortalizas son “feas” porque su tamaño, su forma, su color, el grado de madurez, está golpeada o rota; es muy probable que no las compremos. Es importante saber que aunque estéticamente no sea lo esperado, desde el punto de vista de su valor nutritivo sí son aptas para ser consumidas.

FECHA DE VENCIMIENTO. Debemos consultar siempre las “fechas de vencimiento”, o “consumo preferentemente antes de”, “válido hasta…”. Corresponden a las fechas que las empresas elaboradoras de alimentos informan en la cual el producto mantiene su calidad óptima. Aquí es importante saber que debemos observar muy bien el alimento, en lo relacionado con su color, aroma, textura, antes de consumirlos. Serán los menos riesgosos los productos no perecederos (aquellos de baja humedad o secos, como fideos, arroz, aceite. Pueden faltar pocos días para que ocurra el vencimiento de un alimento sin embargo continúa siendo apto para su consumo.

Una adecuada planificación comienza en CALCULAR LAS PORCIONES de manera adecuada. Algunos ejemplos de porciones estándar son:

  • Leche líquida o fluida. 200 ml. Equivalen a una taza tipo desayuno.
  • Queso untable. 15 gramos (1 cucharada sopera).
  • Huevo 50/60 gramos es 1 unidad. 1 yema pesa 15 gramos y 1 clara pesa 35 gramos.
  • Pescado. 150 gramos. Equivale a 1 filet o 1 lata chica de atún.
  • Verduras de hoja. 25 gramos es el equivalente de medio plato playo de verdura cruda. Y en caso de que sean cocidas, la porción es de 50/70 gramos y ocupa el lugar de medio plato playo.
  • Frutas chicas, por ejemplo ciruela o damasco, una unidad pesa 100 gramos.
  • 1 hortaliza mediana, por ejemplo tomate, la porción es de 200 gramos.
  • 1 hortaliza grande, como una papa o batata o calabaza chica, pesa 300 gramos.
  • 60 gramos de pan son una porción. Equivale por ejemplo a dos rebanadas de pan tipo molde.
  • 12 gramos de aceite es una porción y equivale a 1 cucharada sopera.

Considerando estas porciones de alimentos y sus equivalentes en gramos o mililitros, podremos realizar el cálculo adecuado de los alimentos que formarán parte del menú en el hogar.

Es necesario implementar acciones para reducir nuestro desperdicio de alimentos. Como consumidores tenemos ese compromiso. Los invitamos a compartir estos consejos o tips en su entorno. Con sus familias, amigos, compañeros de estudios, en el club, en el barrio, etc. Seamos CONSUMIDORES RESPONSABLES.